Somos
No me alcanza la lluvia
ni el cielo entero.
No puedo con la inequívoca
esquina en el recuerdo.
No es suficiente la regla
del deber en mí instalada.
Los pájaros en vuelo, la miel
en estos labios sedientos.
El rumor del mar, siempre lejos.
La incomparable línea del horizonte.
La ternura más dulce no me alcanza.
Ni el inclaudicable dictamen del reloj.
Ni la impronta de los sabios (si los hubiera).
No me es suficiente la sucesión de hechos
que nos decreta imposibles (y aún así…).
Ni los kilómetros de la geografía hostil.
La sangre perpetuada, las mil y una circunstancias.
Los ocasos, las preguntas, las pupilas.
Todo eso es nada. O casi.
Ante la indescifrable verdad que nos une
entre el tiempo y el espacio.



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