En el parque



Acostada en el banco del parque observo la entrañable madeja de flores que dan vida a la pérgola, mucho antes del cielo azul que se alza supremo, lejano, impoluto. Y cada nube que pasa, ya se ha ido. Y cada respiro, es pasado, tal vez olvido.

Cierro los ojos para volver a mirarte, ahora que no estás conmigo. Y me multiplico en sonrisa, en suspiro, en la posible fantasía que somos.

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