martes, 25 de octubre de 2011

Al horno

Este fin de semana, siguiendo con la pequeña ama de casa cocinera que me invade, improvisé un calzone, con una masa que había amasado unos días atrás y que constaba de queso parmesano rallado, un poco de romero y semillas de sésamo con tomillo, sumados a sus habituales harina integral, aceite de oliva, sal, azúcar y la fermentada amiga.

Adentro, un rico jamón cocido, queso port salut y huevo duro. No tenía nada más, pero unas aceitunas o pimientos rojos le hubieran quedado de maravillas. Sin embargo, quedó para chuparse los dedos...

En la misma amasada, el pancito dulce quedó también interesante... le agregué ciruelas pasa y nueces de pecán, además de miel, todo eso a la masa madre de harina integral + harina 0000, toque de azúcar y poca sal, aceite vegetal, más la levadura mágica. Elogios varios y orgullo propio de panadera empecinada.

Recordaba mis años por España, la mayoría de ellos, sin horno. Y la emoción del departamento que alquilamos con Al en el idílico y serrano Parque Azul, de Colmenarejo. ¡Tenía horno! Claro que cuando lo abrimos y descubrimos que estaba tan sucio, pasamos refregándolo dos días con limpia hornos y peleando cabeza a cabeza con el olor a grasa y los lamparones, que se agarraban con uñas y dientes. Tanto que yo creo que nunca lo usamos porque a pesar de haber quedado impecable, en nuestro recuerdo aún olía a viejas grasas.

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