miércoles, 28 de diciembre de 2011

Mi abuela

La mente y sus caminos paralelos, los recuerdos reales y los proyectados. El paso del tiempo con su implacable sello. Y sin embargo, la entereza. Y sin embargo, la postura. En sus huesos y con una fragilidad estoica, mi abuela enfrenta este momento en un lugar nuevo, rodeada de ancianos, sentada en un jardín compartido y dice cosas como éstas:

--Negrita linda! A qué no te esperabas venir a visitar a tu abuela al asilo?
--... (rompo en llanto)
--Nooo!!! No llores, esto es lo que es pero no hay que llorar, Chechuna.

Ella consolando a uno. Ella sosteniendo. Mal o bien, pero haciéndose cargo. Tomando postura, Poniéndole el pecho, el hombro, lo que sea. Ahora que apenas puede sostenerse. Ahora que dar un paso es un regalo. Siempre alentando y protegiendo. Como cuando era chiquitita después de un golpe, o adolescente angustiada de mal amor, o ayer nomás, cuando nació Iván y pasó su primera semana en la neo. A su manera, a veces exageradamente pero siempre dando con todo su ser.

--Ustedes no se hagan demasiado... yo voy a estar hasta que tenga ganas y después, chau.--Despacha con claridad de sabio.

Se la ve reconfortada con nosotros y recita poemas de su más tierna juventud, sin saltarse una coma, nos mira a los ojos a cada uno con una profundidad de tiempo y nos habla despacito, pausado, casi con su último aliento.

2 comentarios:

Gaby dijo...

Querida amiga,me puse a ver las fotos de tus exquisitas ternuras comestibles, junto a Onofre y a Joaco, relamiéndonos y pensando en lo lindo que sería vivir cerca, para que en cada cumpleaños, nos sorprendieses con algo (mirá la mamá poco cocinera??..jaja). Una faceta explotada a través del amor y la relación con Ivanchi; pero no es de cupcakes de lo que quiero hablar, sino de ese hermoso texto que hiciste a Neli, de ese homenaje a una abuela coraje, acostumbrada, como la mía a vivir sola, a bancarse la vida como venga, pero sobre todo a superarla sin quejarse, dedicándose a saborearla. Me gusta, me emociona aquel diálogo primero, porque fue como verme visitando a "mi Nelly" el año pasado, ajena a las relaciones y sin embargo lúcida para recitar y cantar, y comerte con su mirada vidriosa. Siento como mío tu relato, porque salvando las distancias de la intimidad y de cada ser, que es único e irrepetible, creo que nuestras abuelas han sabido vivir y han dado ejemplo de cómo hacerlo. Nada más, mi amiga, ya todo está dicho.... ah!!! que te adoro!

Bloga dijo...

Yo también te adoro, amiga mía! Gracias por compartir la vida así conmigo.

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