martes, 4 de octubre de 2011

Cosas que pasan mientras deberíamos estar durmiendo

Los remolinos del piso 11 y un ruido a campanazo seco de algo que choca contra la baranda del balcón. Luego de dos incursiones de Al y tras despejar el área de balde, primero y triciclo, finalmente (dos elementos altamente sospechosos), los campanazos siguen. Esporádicos, caprichosos, justo como para mantener el vilo de una cabeza que, entre otras cosas, delira con un título de novela: "La hora del mártir".

Nueva nota mental: título de novela, que va haciéndose lugar entre el repaso de la lista del supermercado de mañana, la agenda semanal que incluye baño de Bauch, búsqueda de empleada doméstica, esa imagen del recital de Lenny que nos pasó canal 7 y que da penita de calidad, la carita de felicidad de los dos cuando nos reencontramos... Ese inevitable racconto del día.

Los pasos del vecino de arriba registrados en algún momento de la madrugada, y el campanazo que no volvió más, pero aún esa semi vigilia del que pretende no ser sobresaltado otra vez y entonces nunca logra descansar completamente.

Y en medio de esos vericuentos que pueblan la noche, alimento a Iván y llega por fin el sueño, un rato antes de que suene el despertador del martes.

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