martes, 30 de diciembre de 2008

Se va uno y llega el otro

Horas y más horas de trabajo, a uno y otro lado. Un amor en expansión y el sueño más grande por delante. Un cachorro en crecimiento y la continuidad en un perro fiel.

Una valija deshecha, unos placares rebozantes. Un departamento a estrenar y las lámparas bamboleándose tan bellas.

El conteo televisivo y las uvas transatlánticas. Dos copas que se llenan y el deseo convertido en trago.

Una página en blanco y un blog con algunas entradas.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Libros

Quiero decir que mis libros están acomodados. Ya no tapan los zócalos de la habitación de al lado, sino que con el cariño que se merece cada uno de ellos, fueron temporalmente distribuidos entre los muebles que nos rodean.

Tal como vamos, la biblioteca va a ser lo último en llegar, reticencia de su hacedor mediante. No es menor, empero, el hecho de que ya no junten pelusas. Se me partía el corazón ver al bueno de Don Fuentes compartiendo madera de parquet.

Pude ver el tiempo a través de mis libros. Un buen número de bibliografía cubana y sobre Cuba, que marcó una época y un interés especial en mis lecturas y en mi vida. Cabrera Infante y la incandescente de Zoé Valdés; poemas de Guillén; biografías varias de Guevara Lynch. Los pasos perdidos del pobre Alejo; Antes de que anochezca, mucho antes de Bardem; Eliseo Alberto y su caracol beach.

Poner orden en un espacio, desembocó por encausar mi propio pasado, al menos, el literario. He aquí otro viva para los libros. Y para el orden.

Special thanks to:
Borges, Whitman, Proust, Faulkner, Hemingway, Vargas Llosa, García Lorca, Yourcenar, Auster, Capote, Saramago, Murakami y tantos, tantas más...

jueves, 25 de diciembre de 2008

De Nochebuena a Navidad

Derretidas las velas
manchadas la copas
y una estrecehez de tiempo
en ese espacio de fuga

Titila el cielo artificial
en un estruendo de petardos
y cada pena sorteada
estalla en nuevos deseos

Rudezas de calendario
campanadas de acero
y un devenir de sombras
cristalinas como el viento

viernes, 19 de diciembre de 2008

Mezcladito semanal

A las puertas del fin de semana, justo cuando necesito tanto un respiro, mente en blanco, patas al aire y buenas imágenes alrededor, dejo tres columnas de estos siete días. Perdón por el abuso de estilo diario íntimo rosa y con candado, pero las fiestas de fin de año acosan al pobre almanaque y también a quien redacta.

Lo mejor:
--Que mi sobrino más grande termine primer grado y que el más pequeño se haya decidido a gatear.
--Los Cadillacs tocando para nos.
--Las flores que trajo Al.

Lo peor:
--La mala educación en el trabajo combinada con mediocridad y soberbia. Y todo en una sola persona.
--El calor insportable.
--La gente que atropella en la calle, sea peatón o conductor. Esto incluye a los inefables taxistas porteños.

Lo que no entendí:
--Mi sueño de siesta con Benjamin Linus, el malo de Lost.

Breve reseña onírica:
Una mesa de dos en un lujoso restaurante. Un entorno de suaves murmullos en idioma inglés. Los claros y penetrantes ojos de Ben perforándome. Elogios de mi parte y gestos de halago de la suya. De pronto, una creciente y tortuosa sensación de sublimación, en mí. Una certeza cada vez más firme de estar siendo psicológicamente manipulada con una prolijidad digna de su autoría. Benjamin Linus me abdujo con su astuta malicia y quedé atrapada en esa cena, como un personaje más de la serie. Tan real, como absurdo. Tan escalofriante que me acuerdo y me asusto.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Al final del pasillo

El pasillo estrecho dejaba escapar un difuso resplandor, hacia el final. El parpadeo de una tele encendida, muda como la sombra pero omnipresente, le devolvió un gesto de esperanza. Alguien tuvo que haber estado ahí antes.

Los pasos se sucedían con agonía, predeterminados. Crujiente, la madera se retorcía bajo su peso, conversadoramente siniestra. "Cincuenta y ocho, cincuenta y nueve...", contaba en voz baja, cuando la oscuridad se hizo como si nunca jamás hubiera existido un hilo de luz, más que en su memoria. "Menos de un minuto, pensó, entre el crujido y la nada".

Se dio vuelta para calcular la distancia que lo separaba de la puerta de entrada, pero apenas pudo ver una chispa dorada producida por sus propios ojos, en pugna aún con la oscuridad dominante. A esa altura, ya no sabía que hacía ahí. ¿En qué momento y por qué motivos, había decidido avanzar por el pasillo? Tantos días transcurriendo en paz y acción, moviendo los hilos y dejándose mover, tan campante, tan liviano. Hasta que esa mañana, escurriendo la última gota de café en la taza, con la marca de la almohada dibujada aún en la mejilla, se acordó de un olor. Un amarillento olor a madera, con jazmines y tierra mojada. Un olor que condensado y penetrante, hubiera barrido con ese pavor que ahora le mojaba la cara en forma de gotas.

"Por ese olor, tanta búsqueda". Ahora le parecía absurdo y sin embargo había tomado la lancha, había recorrido el basto terreno y con la determinación como única compañía, se había dejado llevar por la casona inmensa, hasta llegar al pasillo.

El frío de un picaporte afilado, le dio la señal que estaba esperando. De pronto, la puerta entreabierta chilló con una agudeza escalofriante. Ese amarillo de jazmines y madera y tierra mojada, lo guiaba tan intensamente que sabía que iba a llegar hasta el final. El compás de su respiración acelerándose, colmó el ambiente con aquel eco infernal, opacando los agudos de la bisagras que se abrían por completo.

En ese momento, brotó un alarido estrepitoso, que se perpetuó a lo largo de un pasillo, multiplicado tras la puerta. Y al final del cual, se alcanzaba a ver un fulgor parpadeante y un perfume a madera con jazmines y tierra mojada.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Diciembre

Guirnaldas estridentes
Lucecitas de párpados inquietos
Colores, villancicos, pan dulces

Consumo variopinto
Bocinazos sin calma y almas con pena
Donaciones, regalos, sorpresas

Brindis de burbujas
Arbolitos altaneros y avellanas
abrazos, festejos, deseos.

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