lunes, 18 de febrero de 2008

Lunes, en voz alta

Hacía mucho tiempo que no veía llover. O era que no le prestaba atención al fenómeno. Tal vez cuando la lluvia se convirtió en un estorbo que reclamaba paraguas y techos y no una imagen romántica detras de la ventana.

Del otro lado de la vigilia, en esos sueños por las noches (¿o acaso en las siestas?) de los que se despertaba confusa y feliz. Sin saber por qué. Luego el día transcurría prolijo y encaminado y la certidumbre de cada acto situaba al sueño en un punto cada vez más lejano de la memoria.

--Y la permanente noción de perder un poco de conciencia frente a hechos trascendentes.

Como cuando te fuiste de casa o del país o te alejaste de tal o cual persona. Esa sensación de libertad, de ligereza embriagadora, de plumita flotadora y feliz.

Si lo difícil es el día a día, cada segundo aplastanto al próximo. Que sepulta y reverdece al precedente. Lo demás llega cuando quiere. Y probablemente lo construyan otras manos.

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