viernes, 2 de marzo de 2007

Año Nuevo

Y abrió el Word porque al final no había mejor impulso. Irrefrenable y malicioso hábito este de escribir. Cuando ese instante se compacta, se hincha, se llena hasta los poros infinitesimales y nada sucede afuera, porque total, para qué?

La taxista que manejaba en año nuevo tenía dos hijas y era una incipiente viuda. Había que mantener a esas dos nenas y ella sabía manejar. Rodaba y sorteaba pozos a diestra y siniestra con el propósito final de correr a casa, tirar el taxi en alguna playa de barrio, y abrazarse a las nenas, ya en sueños perdidas.

Los primeros días de enero son como mordidas de animales salvajes en el alma.

Y de este lado del hemisferio, mucho peor. Y en Buenos Aires, ni qué decirlo. El calor te oprime hasta volverte otro. La "ST" se convierte en tu dato diario vital y poco importa lo que pase al cruzar la calle, sino simplemente que baje unas décimas, la desdichada.

En Europa es distinto. En la sierra madrileña, por ejemplo, el frío corta tus orejas y a la una y vente de la madrugada, hay un tipo que saca al perro. La nieve cae como si tal cosa y una con la cara pegada a la ventana, con esa cara tan rioplantense que ve nevar como si presenciara un milagro.

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