martes, 16 de octubre de 2007

Mudando

Los libros, los trapos, los sueños. Cada uno prolijamente en su caja, valija o corazón, eso sí.

Y un día nos despertaremos a los besos desde el piso 11 sobre el nivel del mar.

Ahí, en el medio del living, elocuente y precavido, dejó Bauch su desecho natural, sobre un pedazo de papel corrugado.

¿¿¿Los gasistas matriculados estudiaron muchos años en la facultad??? ¿Por qué cobrarán más que un dentista o un abogado sólo por """gestionar""" que venga un hombre a poner un medidor?

Todos los pozos, las hojas y los pájaros y los metros de Haedo que vas a extrañar, Bauchi.

Todos los minutos, los cines, los bares, las cenas que vamos a ganar, amor.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Diálogos entre un sobrino y su tía

--A qué no sabés lo que me pasó hoy!!!
--Qué??!!
--Estaba comiendo pizza en el jardín y se me cayó la paleta... arriba del plato!
--Así, ¿de repente? ¿Pero estaba flojita?
--Ni me di cuenta, se cayó en el plato...
--Bueno y ¿ cuál es? ¿La del lado de la mano que escribís, o la del otro lado?
--La mano que escribo (sic)... (Duda, piensa, se corrige) No, no, la otra...
--Ah, se te cayó la paleta izquierda, entonces. Pérez tiene que dejar unas monedas
--Y una paleta es un paleta...
--Es verdad, por lo menos unos billetes.
--Pero no la voy a dejar abajo de la almohada porque se puede perder...
--No creo que se pierda...
--Sí, sí, mejor la dejo en las rejas del aire acondicionado...

--Hoy Bauch se robó un churrasco...
--Cómo??!!
--Yo le estaba sacando la grasa para cocinarlo y el se paró en dos patas y se lo llevó al fondo.
--Uy, a ver si algún gato de lo come...
--No, no, primero parecía que lo iba a enterrar. Pero después se lo comió.
--Todo??!!
--Sí, todo. Cayó redondo, el pobre.
--Cayó redondo!!! (Risas).

--Bueno, te tengo que dejar porque me dicen que tengo que dormir.
--Bueno mi amor, que descanses.
--Chau.
--Chau.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

lunes, 17 de septiembre de 2007

El andén

"Tren que arriba a plataforma número uno, lleva como destino Castelar solamente". La voz del señor de la estación, que las paredes de la vieja casa se encargan de filtrar con descuidado candor, flotan en el andén. Trenes que van y que vienen, siempre vienen más de lo que van. Trenes repletos, atestados, desborados. Trenes vacíos, tristes carrocerías avanzando sobre vías de otros tiempos. Vendedores ambulantes, desfile de alfajores y CDs, panchos y alarmas, historias de pobres y enfermos a cambio de unos centavos.

Un surco, un buen pedazo de mi historia fue poblada por esos vagones (incluso por estos recientes de doble piso que algunos se empeñan en desvirgar). Como estudiante, como adolescente curiosa, para ir al centro, al cine, a librerías, a tomar algo. En una etapa, tomaba el tren en sentido inverso: Caballito-Haedo. Fue cuando me mudé de mi casa de Haedo a un depto en Almagro. Y entonces desandaba el camino de años para visitar a mi familia.
Justo cuando quemaron la estación de Haedo, yo andaba tomando trenes de Cercanías en Madrid. El fuego en los árboles de siempre, me llegó como fuego vivo en imágenes que Tele Madrid emitía sin piedad. Pero el viajero que huye, incluso el que no, tarde o temprano detiene su andar. Y vuelve. Y el Sarmiento, ya TBA instalado a sus anchas, con décadas de subsidios estatales, seguía avanzando entre ruinas.

Hoy quizás ya rumbeando para otros barrios más céntricos, me pregunto cómo sonará la voz en el andén cuando anuncie el próximo arribo, cuando yo ya no la escuche, cuando acaso se desentienda en el aire.

lunes, 3 de septiembre de 2007

domingo, 2 de septiembre de 2007

Domingo

Quietud diligente
Inequidad de agujas demoradas
En los crepúsculos de sangre del oeste.

Campanadas de hiel
Ladridos de animal herido
En los costados del alma.

Amarillo de a ratos
Ceniciento casi siempre
Morado, en las comisura del lunes.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Preposiciones

Entre las olas
Debajo de las sábanas
Al lado del fuego
Por la ciudad
En la llanura
Sobre la montaña
A conciencia
Desde antes
Para siempre
CON AL

jueves, 23 de agosto de 2007

Hormonas

¿Puede ser tan pero tan significativa la química que nos rige que haga que un semáforo rojo sea lo peor que te pueda pasar? Un granito de más, vestigios de otro mes que te alcanza. Si hasta ayer, no digo que te sonriera, pero al menos, todo este berenjenal te parecía más o menos digerible, ¿cómo puede ser que hoy todo sea cuesta abajo en la rodada? Evidentemente, querida amiga, te ha bajado la regla, menstruación, ciclo, período. Pero para qué hurgar en busca de sinónimos cuando todas, absolutamente todas (chinas, bajas, nórdicas, rechonchas, portuguesas, escuálidas, pelirrojas y todas menos las menores, las mayores y algunas anoréxicas), sabemos de qué estamos hablando.

Y no se trata de quejarse ni de pregonar a los cuatro vientos la femineidad que una porta, simplemente se trata de poner en palabras estas sensaciones atravesadas con que el ciclo nos dota.

Para toda la platea masculina, que es numerosa y afortunadamente comprensible, va resumido en:

--lágrimas
--antojos
--berrinches
--silencios
--quejitas
--malestares

Sepan entender (nos) y muchas gracias...

jueves, 2 de agosto de 2007

Contradicciones a la hora de buscar un hogar

Una de las cosas más tediosas y a la vez más encantadoras que hay es buscar casa. O departamento 3 ambientes, excelente ubicación, detalles de categoría, orientación norte, con balcón terraza, baño y toilette, en este caso.

Por decirlo así: uno gasta tiempo, sábado y energía para sentirse, la mayoría de las visitas, estafado o defraudado por el inmueble en cuestión. Pero basta con entusiasmarse demasiado con alguno de ellos, para empezar a proyectarse adornando tal rincón, pintando esa pared o dándole vida a la habitación en suite con vestidor.

Imágenes por vivir que se planean como en propaganda de tarjeta de crédito, pero con sentimientos profundos y un altísimo nivel de existencialismo, sumado a la comisión inmobiliaria y gastos de escribanía.

Es bravo buscar un techo.

Ganas

Sin fichar, sin firmar, sin pagar, sólo con vos.

It's a matter of time

Hay cosas que se saben desde bien temprano. Claro que temprano para unos puede ser las 7 de mañana y para otros, los 12 años.

lunes, 16 de julio de 2007

Tal vez mañana

Cuando entró en la habitación, todavía palpitaba en su cabeza la posibilidad de esperar un poco más. Un eco de gritos desgarraba los párpados temblorosos, insomnes por fuerza mayor. Encendió la lámpara otra vez, otra vez la mancha de humedad en la pared gris y otra vez los gritos. Un zumbido, un portazo, una frenada en la calle, hubieran, acaso, aliviado el tormento. Pero nada.

Algo tenía que suceder. Y sin embargo se dejó arrastrar por la decidia, disfrazada de respiraciones sincopadas, de pensamientos nulos, blancos, intentos rústicos de prácticas orientales adaptadas a una necesidad desbordada. Y, sí: mejor esperar hasta mañana, que con la luz del sol, todo se aclara..., pensó confiada menos por la certeza del pensamiento que por la simpatía de la frase.

Un enredo de voces de pájaros se adelantó a la alarma del despertador. Salió de un sueño sinuoso pero compacto con dos minutos bajo el agua tibia del baño. Y poco después, la rueda reinició su giro de rigor. Malogró las últimas monedas en un taxi hediondo de aerosoles florales y la primera náusea coincidió con el primer semáforo rojo. Pasó tres avenidas hasta que las sombras perpendiculares que filtraban las ramas de unos árboles, le indicaron que era el lugar.

--En la esquina, está bien, por favor...
-- Muy bien, son 12,75, señorita.


Iba a ser complicado conseguir monedas. Lo sabía y sin embargo, no había dudado en pagarle justo al taxista, hasta los cinco centavos le había dado. Tal vez como agradecimiento implícito por aquel viaje silencioso, sin interrupciones con temas como el frío, la inflación o el fútbol. Esas cosas, a veces, merecen una compensación.

Cuando bajó, el portal le pareció más alto y más viejo de lo que lo recordaba. Claro que los detalles de las cosas en los sueños, siempre son distintos. Salvo su padre, todo lo demás, en sueños se deformaba, tomaba otro tamaño, color, sentido, hasta convertirse en otra cosa y a veces en otra persona. Menos su papá.

Pudo palpar el timbre, rodeado de telarañas, helado y erecto como si no lo hubieran necesitado en años. Disimuló un buen día con un vecina gorda que arrastraba un chango chillón y decolorido. Y entonces decidió dar una vuelta manzana. Conocer esa porción de suelo antes de arremeter. Como el matador que da un giro en la arena, antes de que salga el toro.

Las casas bajas y los comercios del barrio tenían un rasgo en común. Eran como hijos de una misma madre. Un aire familiar los enlazaba pobremente. Formas sencillas de una arquitectura modesta y funcional. Capas de pintura desmembrada que dejaban paso a viejos ocres.

Se dejó guiar por los aromas. La peluquería con sus tinturas, lacas y secadores, se anunciaba a dos casas de anticipación, en esa del jardín frondoso y con el nombre de Etelvina, forjado en hierro en la pared. Mucho antes de llegar a la carnicería, sabía que estaba allí. Hizo un alto en el café de la esquina. Un típico cafetín de principios de siglo (pasado), donde el trapo rejilla parecía casi una membrana despegada de las manos robustas del mozo.

Se sentó, tomó su café de a grandes sorbos, para no detenerse más de la cuenta (y porque realmente hubiera sido una amenaza para el paladar) y antes de pagar, esta vez sin cambio, fue hasta el baño. Los sanitarios sarrosos daban cuenta de años de historia y de olvidada limpieza. Intentó ahorrar cualquier aporte a ese innumerable historial, salvo el fisiológico inevitable, y se fue.

Cuando dio vuelta la esquina, observó que la sombra ya no filtraba igual entre los árboles. Avanzó hacia el portal y se dio cuenta de que alguien entreabría la puerta con un brazo. Contuvo la respiración y en menos de un minuto, estaba ahí, parada frente a la casa. Plomero o tal vez gasista, sería el hombre que le abrió, involuntariamente la puerta. Las quejas revoloteaban en el aire y el hombre (plomero o gasista, tal vez) perseguía un caño oxidado.

Media docena de puertas se sucedían a lo largo del pasillo. Frente a algunas de ellas, una maceta vieja, generalmente sin planta ya, enmarcaba la entrada. Algunas ventanas estaban tan sucias que apenas si se podía intuir un resplandor adentro. Aceleró el paso, por primera vez, y los latidos galoparon en su interior cuando vio que en la quinta puerta, la anteúltima de la fila, había un felpudo macizo.

Entró sin golpear. Y sin golpear salió.

Al parar el taxi en la esquina, pudo ver una mínima luz que se filtraba entre las ramas de los árboles. Era de mercurio. Fue después de la tercera avenida cuando la fetidez del tabaco rancio del taxi le disparó un sano recuerdo al abordado en la mañana.

Entró en la habitación, colgó el abrigo y apagó la lámpara, segura de que esa noche dormiría en paz.

martes, 10 de julio de 2007

Bauch post nieve


Extenuado, mojado y algo hediondo quedó Bauch después de la nevada de este 9 de julio. Nadie le quita la dicha canina de sacudirse la blancura de su lomo o de saltar por el aire en busca de un copo volador. Cosas que pasan (poco) y se agradecen (mucho).

Helados



















La tradicional Heladería Antártida, nevada. Ni un solo cliente hasta Albert, que se llevó sin dudar su cuarto de súper dulce de leche y frutilla a la crema.

Un siglo sin nieve


Ahora que el frío corta la tibieza de tus manos
Ahora que queda nada entre el minuto y la esencia
Ahora que miran al Oeste los párpados muertos



Ahora cae la nieve del cielo fértil.


sábado, 7 de julio de 2007

Antes y después

Tan bueno como quedarme mirando tus dedos por minutos que son siglos.

Y pensar que antes, no teníamos facturas, ni seguros, ni resúmenes de tarjeta de crédito, ni planes jubilatorios y nos besábamos en cada rincón de Madrid.

Y ahora sabemos que hay después, que hay Buenos Aires para los dos y que cada viernes nos redimimos la semana a los abrazos.

Alarmas de celular

Días sin postear. Semanas de sequedad gráfica. Meses de horarios ajustados como granos de arena. Reduccionismo absoluto a una rutina alentada por energía en alta. Mucho trabajo y pocas horas con Albert. En cuanto pueda, voy a darle muchos besos y revolcarme con Bauch en el pasto aunque me muera de frío y decirle a mis sobrinos que nos podemos ir por ahí a comer mala comida de "eme".

Y todo eso sin ponerme alarma en el celular.

lunes, 23 de abril de 2007

Petrusco

Pensó en las bondades de la roca, en el preciado mineral que todo lo absorbe y todo lo guarda. En las infinitas posibilidades del borde. El filo de la temida lanza, la buena fe de la herramienta.

Pensó en la piedrita nacida para patearse de esquina a esquina. En la roca basamental de una pirámide milenaria. Pensó en la tibia piedrita infinitesimal bañada por la orilla de un Mediterráneo revuelto y catalán.

En los gatos espantados por decididos piedrazos de niñez y barrio. En el ladrillazo que un hincha le tiró a otro, como si el fútbol fuera sólo una vana excusa. Pensó en la voracidad del viento contra los acantilados añosos. Y en la persistencia tenaz de la piedra, a pesar del tiempo.

La piedrita de la rayuela, la condena del número o la salvación de un buen salto. La "piedra libre", de la escondida. La piedrecita española. La piedra en el zapato, ínfima venganza mineral.

Finalmente, pensó en el polvo, piedra deshecha. Piedra devenida. Piedra después.

lunes, 16 de abril de 2007

Ineditable

Así quería que fuera este post. Este rejunte de letras consecutivas que según salen, van, quedan. Publicar sin presión, sin autocensura, sin edición y sobre todo, sin conciencia.

Cuando te grito que te amo desde la otra punta de la casa o cuando te miro hondo, hondo y pienso en lo que nos queda por vivir, no edito, así que, al fin y al cabo, a veces editar es, ni más ni menos que cagarla.

Latitud Sur

Ir y venir.
Saltar charcos con la misma facilidad con la que se rozan las copas de los árboles con los cables de alta tensión.
Mitología urbana. Fantasía de relojes en perpetuo y ominoso vaivén de agujas.
Manchas de humedad en paredes borrosas y un trueno que parte el instante y un perro que olvida ladridos en el aire.

Pampas inacabables más allá del cemento y un océano violento y marrón que besa el río.
Todo esto es Buenos Aires en esta otra (nueva) vuelta.

Tenía ganas de llegar a casa.

jueves, 15 de marzo de 2007

At work

Comete esa manzana, que te mira desde el estante gris, entre papeles amontonados y discos y casetes y algún que otro sueño que quedó dormido un miércoles a las 6 y 10. "Es un cadáver político, polvo cósmico". Hay que hace una cola de Macri-candidato. PC Remote! VSN 3. Buenas noches, país. P-2055. Grabar el aire! A qué hora vamos hoy? Dame el crudo de Chávez en Ferro. Roger Waters-compacto. Fuck off, desconectá, apagá y vámonos a bloguear un rato. Así, sin compromiso, sin edición, sin neurona, casi como si estuvieras laburando.

En tránsito

Hacer una valija es mucho más que guardar trapos en un lugar. No sé bien qué es, pero además del acto puntual y más o menos mecánico, se agrega cada vez una carga nueva tan potente. Esperanzas a estrenar que no pagan asiento y viajan desde antes del despegue. Aterrizajes forzosos de emociones que se estremecen de golpe y se cierran y abren y vuelven a abrirse. Atravesar hemisferios como quien se adueña del tiempo, como quien abarca el espacio que hay del otro lado, cuando siempre es "el otro lado".
"Su atención, por favor...", vida y viaje son la misma cosa, pero a veces lo disimulan para que uno ande comprando pasajes por ahí.

sábado, 10 de marzo de 2007

Larga distancia

Nos hacemos un Skype, amor?
Resumiendo, que tengo unas ganas de ti que no me las quita ni dios...

(A quien [no] corresponda: Perdón por la híper subjetividad de este texto).

martes, 6 de marzo de 2007

Por eso

Resucitar cien veces
hasta descifrar la trama.

Intentar el mar
con sólo pensarte.

Elucubrar misterios
de latitudes sin pasos.

Por eso sigo
Por eso voy.

lunes, 5 de marzo de 2007

From BA to CSS

De viajar, casi lo mejor es la previa. Las listas de cosas indispensables, que finalmente no se consulta. Ese cosquilleo impertinente que a la hora menos pensada da la voz de alerta. Ese mundo abierto y libre, ahí, a sólo unas cuantas horas de vuelo, todo para uno.

Después del aterrizaje, todo es nuevo y apasionante y cada paso es aprender, obervar, reconocer.

Lo malo son las colas de Migraciones, las horas desesperadas en aeropuertos, las despedidas, porque siempre hay una de algún lado (¿por qué siempre hay una?), los pozos de aire, el olor de la comida cuando la recalientan en los microondas.

Este viaje es especial. Y ya empecé a vivirlo.

sábado, 3 de marzo de 2007

De España

Nunca pensé que iba a escribir algo así, pero además de una larga e imposible lista de cosas y humanos que extraño de la península, añoro con frenesí poder equiparme una casa con menos de mil euros y un rollito que mamma mia...

Por favor, lo que extraño Ikea!!!

http://www.ikea.com/

viernes, 2 de marzo de 2007

Año Nuevo

Y abrió el Word porque al final no había mejor impulso. Irrefrenable y malicioso hábito este de escribir. Cuando ese instante se compacta, se hincha, se llena hasta los poros infinitesimales y nada sucede afuera, porque total, para qué?

La taxista que manejaba en año nuevo tenía dos hijas y era una incipiente viuda. Había que mantener a esas dos nenas y ella sabía manejar. Rodaba y sorteaba pozos a diestra y siniestra con el propósito final de correr a casa, tirar el taxi en alguna playa de barrio, y abrazarse a las nenas, ya en sueños perdidas.

Los primeros días de enero son como mordidas de animales salvajes en el alma.

Y de este lado del hemisferio, mucho peor. Y en Buenos Aires, ni qué decirlo. El calor te oprime hasta volverte otro. La "ST" se convierte en tu dato diario vital y poco importa lo que pase al cruzar la calle, sino simplemente que baje unas décimas, la desdichada.

En Europa es distinto. En la sierra madrileña, por ejemplo, el frío corta tus orejas y a la una y vente de la madrugada, hay un tipo que saca al perro. La nieve cae como si tal cosa y una con la cara pegada a la ventana, con esa cara tan rioplantense que ve nevar como si presenciara un milagro.

No ficción

Sin escudos me doy
al espacio blanco que me enfrenta.
No hay doble fondo, ni personajes.
No huele a papel cartón el fondo de margaritas silvestres
pisoteadas por una nena inquieta que salta a la cuerda.

Somos él y yo. Blanco y negro. Espacio y materia.

Las preguntas son las mismas,
ilustradas por la sombra del viento,
¡Oh, tiempo impiadoso!
¡Eterno verdugo de los mortales!

jueves, 1 de marzo de 2007

Y llovía y llovía sobre mi corazón

La tormenta desde adentro (de casa). Se inundó medio país, pero así y todo nada te quita la postal tercermundista de la cabeza. Antes que eso, tenés que sacar el agua del living. Todo es cuestión de prioridades en esta vida. Lo malo es que a la postal no se la puede absorber con un trapo de piso.

Amarillo

El martes podría ser amarillo. También el 6. Y en cambio no lo serían los tigres azules prohijados por Borges.

El borde de algunas figuras, el costado inequívoco de tus pestañas miradas a contraluz. Amarillo es el pasado, pero el de buen sabor de boca, no el tormentoso, ni el nostálgico, que es de un azul profundo.

El sol de los dibujos de los nenes, porque el de arriba es sólo brillo, a veces. Y sólo calor, a veces.
Amarilla es la hora quieta de un domingo de verano, las 3 de la tarde en una calle de arrabal en Buenos Aires.

Los profusos pasadizos que me recorren no son amarillos, pero sí algunos de sus vericuetos. El pedazo de vida que me espera es, por momentos, sospechosamente amarillo.

Tus inquietudes, de puro resplandor, se ven amarillas y radiantes.

Con que eso era todo?

Parece que sí: ya decía yo que crear un blog no debía ser una excusa apropiada para no escribir. Era fácil. Lo primero, ya que no lo segundo.

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